Con el otro trago después de brindar con el Abuelo, poco a poco empezó a llenarse de gente el cuarto, primero tres sombras iban pasando y al verme uno, le avisa a los demás y se devolvieron, me veían curiosamente, me saludaban y me dieron unos obsequios, los cuales guardo en mis bolsillo – cabe anotar que todo sucede yo sentado en una silla muy grande y bonita, me preguntó alguien donde la quieres y la pone muy arriba, pero les digo “ni arriba ni debajo de mis semejantes, colóquenme a la par por favor” – a medida que se acercaban tomaban forma humana, todo se oscureció por completo, imagino porque habían quitado la luz en el pueblo, pero inmediatamente dejo de sentir a las 3 personas con las que estaba en el cuarto: Kleber, el Abuelo y su esposa. De pronto aparecen más y más personas algunos con cuerpo humano, otros no, la mayoría vestidos como indígenas, un pequeño río estaba al frente mío, hermosas mujeres empezaron a salir, muy coquetas, me miraban, coqueteaban, me intentaban dar besos al comienzo estaba my tímido pues sólo pensaba que eso en realidad era una visión y las otras 3 personas podrían verme, pero después me deje llevar y les devolvía los besos.
Se acercaban mucho, hasta mi nariz, reconociéndome, riendo coquetamente, habían dos árboles una casi al frente mío al lado derecho, y el otro a mi lado izquierdo bien en la esquina de la casa, algunas mujeres se quedaron en esos árboles, bailando de manera sexy, se convertían en asiáticas, árabes, egipcios, indígenas, negras, rojas, mulatas, todas bellas. Ellas también me dieron regalos. La corriente del río pasaba y se acercaban mas personas en canoas, todos tenías curiosidad por verme, todos tenían obsequios para mí, intenté saludar a un chiquito que estaba a la altura de mis rodillas, pero mi pesada corona casi no me deja tocarle la cabecita, m toca retenerla con las dos manos. Las mujeres que bailaban empiezan a convertirse en orangutanes, luego en osos perezosos, en koalas, nuevamente en mujeres hermosas en traje de baño indígena, de dos piezas. Una negra, una Pocahontas
Unos seres parecidos a extraterrestres cabezones y todos vienen hacia mí, me dicen que tome el mejor regalo del mundo, la cura para todos los males, se acercan más y me lo ponen en el pecho, al lado izquierdo cerca al corazón. Otros seres parecidos a humanos pero muchisisismo más flacos, y largos, con trajes indígenas, en su canoa me saludan y vienen rápidamente a conocerme eran dos el padre y su hijito, “pediste sabiduría” me dice el padre, “tómala” y el hijo muy tímido no se quería acercar, yo le extendí la mano, pero era muy tímido su padre lo empuja un poco para que se anime y con una hermosa sonrisa, inocente, sincera, me da otro obsequio que guardo en mi bolsillo derecho.
Un señor alto era el que ordenaba todo, no dejaba sentar al lado sino al que yo decía, muy grande el señor, con aspecto humano pero de 3 metros recostado en un muro, también me saludaba. No dejaba que la gente se devolviera a verme, ni que se quedaran las embarcaciones por mucho tiempo. De pronto detrás mío a mi izquierda sale una sombra, una criatura joven se quiere sentar cerca, el grandulón no quería que se quedara, pero yo le dije que tranquilo que lo dejara; se sienta y veo que quiere asustarme, le dije que no podía porque tenia a cristo y le mostré mi rosario, se enfureció, estaba como loco, las mujeres se asustaron un poco pero el Abuelo lo espantó y se esfumó como la arena, en ese momento si sentí el soplido del abanico que tenía el Shamán.
Invito a la mujer negra que baila en el árbol que se sentara al lado mío, pero apenas volteo a saludar a otra gente, se para si sigue bailando; niños y mujeres indígenas pasaban, me daban más y más cosas. Seguían las canoas pasando, saludando a mujeres que me quieren besar, tocar, una niña que estaba al frente mío me miro y empezó a acercarse, se iba transformando en mujer y me miraba fijamente a los ojos, al estar casi en mi boca me da un beso en la boca con los ojos cerrados, y sigue su camino, veo el rostro de mi novia.

Niños que me querían saludar, tocar, tribus de todas las partes del mundo y del universo querían estar allí, usaban sus mejores prendas, sus mejores fragancias, todos tenían algo para darme y decirme, gracias, tan bonito, mensajes tranquilizadores que me liberan. Otras mujeres igualmente bellas se acercaron tímidamente, casi no podían hablar de los nervios, me mostraron algo que sólo yo sabía que existía, algo muy personal, lastimosamente mi familia sufrió un atentado hace años, yo guardé una de las balas disparadas por los atacantes, gracias a Dios todos salieron vivos de esa experiencia, me dijeron que la fundiera y la convirtiera en una imagen del divino niño, demoraron un poco en explicármelo, pues casi no me acordaba de la bala.
Esto paso justo cuando me estoy convenciendo de abandonar la fe que no elegí, y que impusieron los españoles a capa y espada, pasando sobre la cosmovisión de nuestras gentes. Con lo que había visto hasta el momento pensé que estaba claro que el Dios era la Pacha Mama, la madre tierra, pero de repente aparece un viejo Shamán detrás del grandulón y me dice “la pacha mama esta bien, nos cuida y nos da todo lo que necesitamos, nos quiere, pero el que realmente importa el rey de reyes es él…” se pone a un costado haciéndole una reverencia, todo el alboroto cesa, las mujeres que bailaban dejan de hacerlo, los extraterrestres y humanos se inclinan y le hacen reverencia al único, a Dios.
Arriba de la casa sube un poco el techo para poder entrar, gigante fortachón, con barba blanca y gris, llevaba una túnica y una especie de taparrabo. Me saluda y se acuesta arriba, un poco inclinado para ver lo que sucedía, dice “continúen” yo me quedé sin palabras y me iba a arrodillar, me detuvo Dios “tranquilo!...no te tienes que arrodillar”, él me hace una reverencia y me dice que todo lo había preparado para mí, era una fiesta, una celebración, “un homenaje para ti hijo…diviértete…traje a todos mis hijos del universo” apresuradamente caigo en cuenta de la magnitud del acontecimiento y aprovecho para preguntarle todo que había pensado durante años si viera a Dios: sobre el sentido de la vida, la sabiduría, la muerte, etcétera, etcétera, muchísimas preguntas tenía para él, sólo dijo “vas bien, vas bien” y se volvió a recostar viendo. Seguían pasando las personas, las embarcaciones, japoneses musulmanes, extraterrestres, yo lo veía a él queriéndome comportar pero él sólo sonreía y hacia gestos como queriéndome decir “has de cuenta que no estoy, sigue divirtiéndote”.
Otra vez las mujeres empezaron a bailar en los árboles, una se convirtió en mi mamá otra en mi hermana, me saludaron y seguían las mujeres, también pasaron primos y primas, tíos y tías. Más y más regalos, más mujeres. Otras dos se pararon al frente mío, me dieron manillas, quería ver que estaba pasando atrás, pero no querían dejarme ver, me abrazaban, me tapaban los ojos, luego se movieron un poco y el Shamán antiguo me acerco una lanza muy hermosa, grande y pesada, me la puso en el hombro izquierdo, y Dios gritó: “Este es mi hijo muy querido” yo baje la cabeza hasta donde me lo permitía la corona y todos empezaron a aplaudir, con aplausos seguía pasando la gente yo los saludaba con mucho orgullo, ellos me querían ver.
A lo último se acerco otra canoa, no venia de izquierda a derecha como las demás sino de frente, eran las 4 sombras que había visto al comienzo uno de ellos me dice “casi que no, nos hiciste esperar mucho, jajajaja” carcajada, los dos buenos se sentaron a lado y lado mío, los otros no lo eran tanto, o por lo menos no les caía bien al Abuelo de verdad, pues los expulso con su abanico. Me abraza uno y me dice “eres bueno viejo, lo mereces”, veo a algunos amigos, otros pasan lejos también aplaudiéndome, yo le doy las gracias a todos los que estuvieron.
Se está acabando, se empiezan a despedir, dos canoas fueron las últimas, las familias del grandote y la familia del Shamán Antiguo, se despiden con nostalgia, Dios es el último, se despide también con la mano, las familias me señalan un lugar en el suelo, identifico que es la vela que había encendido el Abuelo al comienzo de la noche, lo empiezo a ver con su esposa, también a Kleber. Con los ojos llenos de lágrimas tanto por la felicidad como por la nostalgia, el río empieza a desaparecer, ya saliendo del trance le pregunto a Dios si me voy a acordar? Y si puedo contar la experiencia, se devuelve, abre el techo de la casa se asoma y me dice “si...claro”, ya empiezo a ver nuevamente el sitio donde estaba, les digo “vi a Dios…estaba por allá” “enserio necesito acordarme de esto”
Me levanto de la silla donde estaba para ver que tan mareado estaba, haber si podía caminar, casi me lleva la corriente del riachuelo, todavía lo sentía, pero al cabo de un rato me pude poner de pie, veía que las últimas familias todavía me decían adiós con la mano y con lagrimas en los ojos. Me volvieron a señalar al Abuelo y todo desapareció, a la 1 y 40 de la mañana se acaba esta asombrosa experiencia, me devuelvo como borracho con ayuda de Kleber a su casa, a descansar. Le doy las gracias al Abuelo y a su señora, me dijo que en todos los años que ha hecho el ritual nadie había visto a Dios. Sentí la corona hasta las 7 de la mañana, dormí con ella, busqué al otro día para ver si tenía algo en los bolsillos pero nada…jajajaja. La mejor experiencia de toda mi vida!
Comunidades nativas que viven en la rivera del río
Se acercaban mucho, hasta mi nariz, reconociéndome, riendo coquetamente, habían dos árboles una casi al frente mío al lado derecho, y el otro a mi lado izquierdo bien en la esquina de la casa, algunas mujeres se quedaron en esos árboles, bailando de manera sexy, se convertían en asiáticas, árabes, egipcios, indígenas, negras, rojas, mulatas, todas bellas. Ellas también me dieron regalos. La corriente del río pasaba y se acercaban mas personas en canoas, todos tenías curiosidad por verme, todos tenían obsequios para mí, intenté saludar a un chiquito que estaba a la altura de mis rodillas, pero mi pesada corona casi no me deja tocarle la cabecita, m toca retenerla con las dos manos. Las mujeres que bailaban empiezan a convertirse en orangutanes, luego en osos perezosos, en koalas, nuevamente en mujeres hermosas en traje de baño indígena, de dos piezas. Una negra, una Pocahontas
Unos seres parecidos a extraterrestres cabezones y todos vienen hacia mí, me dicen que tome el mejor regalo del mundo, la cura para todos los males, se acercan más y me lo ponen en el pecho, al lado izquierdo cerca al corazón. Otros seres parecidos a humanos pero muchisisismo más flacos, y largos, con trajes indígenas, en su canoa me saludan y vienen rápidamente a conocerme eran dos el padre y su hijito, “pediste sabiduría” me dice el padre, “tómala” y el hijo muy tímido no se quería acercar, yo le extendí la mano, pero era muy tímido su padre lo empuja un poco para que se anime y con una hermosa sonrisa, inocente, sincera, me da otro obsequio que guardo en mi bolsillo derecho.
Un señor alto era el que ordenaba todo, no dejaba sentar al lado sino al que yo decía, muy grande el señor, con aspecto humano pero de 3 metros recostado en un muro, también me saludaba. No dejaba que la gente se devolviera a verme, ni que se quedaran las embarcaciones por mucho tiempo. De pronto detrás mío a mi izquierda sale una sombra, una criatura joven se quiere sentar cerca, el grandulón no quería que se quedara, pero yo le dije que tranquilo que lo dejara; se sienta y veo que quiere asustarme, le dije que no podía porque tenia a cristo y le mostré mi rosario, se enfureció, estaba como loco, las mujeres se asustaron un poco pero el Abuelo lo espantó y se esfumó como la arena, en ese momento si sentí el soplido del abanico que tenía el Shamán.
Invito a la mujer negra que baila en el árbol que se sentara al lado mío, pero apenas volteo a saludar a otra gente, se para si sigue bailando; niños y mujeres indígenas pasaban, me daban más y más cosas. Seguían las canoas pasando, saludando a mujeres que me quieren besar, tocar, una niña que estaba al frente mío me miro y empezó a acercarse, se iba transformando en mujer y me miraba fijamente a los ojos, al estar casi en mi boca me da un beso en la boca con los ojos cerrados, y sigue su camino, veo el rostro de mi novia.

Niños que me querían saludar, tocar, tribus de todas las partes del mundo y del universo querían estar allí, usaban sus mejores prendas, sus mejores fragancias, todos tenían algo para darme y decirme, gracias, tan bonito, mensajes tranquilizadores que me liberan. Otras mujeres igualmente bellas se acercaron tímidamente, casi no podían hablar de los nervios, me mostraron algo que sólo yo sabía que existía, algo muy personal, lastimosamente mi familia sufrió un atentado hace años, yo guardé una de las balas disparadas por los atacantes, gracias a Dios todos salieron vivos de esa experiencia, me dijeron que la fundiera y la convirtiera en una imagen del divino niño, demoraron un poco en explicármelo, pues casi no me acordaba de la bala.
Esto paso justo cuando me estoy convenciendo de abandonar la fe que no elegí, y que impusieron los españoles a capa y espada, pasando sobre la cosmovisión de nuestras gentes. Con lo que había visto hasta el momento pensé que estaba claro que el Dios era la Pacha Mama, la madre tierra, pero de repente aparece un viejo Shamán detrás del grandulón y me dice “la pacha mama esta bien, nos cuida y nos da todo lo que necesitamos, nos quiere, pero el que realmente importa el rey de reyes es él…” se pone a un costado haciéndole una reverencia, todo el alboroto cesa, las mujeres que bailaban dejan de hacerlo, los extraterrestres y humanos se inclinan y le hacen reverencia al único, a Dios.
Arriba de la casa sube un poco el techo para poder entrar, gigante fortachón, con barba blanca y gris, llevaba una túnica y una especie de taparrabo. Me saluda y se acuesta arriba, un poco inclinado para ver lo que sucedía, dice “continúen” yo me quedé sin palabras y me iba a arrodillar, me detuvo Dios “tranquilo!...no te tienes que arrodillar”, él me hace una reverencia y me dice que todo lo había preparado para mí, era una fiesta, una celebración, “un homenaje para ti hijo…diviértete…traje a todos mis hijos del universo” apresuradamente caigo en cuenta de la magnitud del acontecimiento y aprovecho para preguntarle todo que había pensado durante años si viera a Dios: sobre el sentido de la vida, la sabiduría, la muerte, etcétera, etcétera, muchísimas preguntas tenía para él, sólo dijo “vas bien, vas bien” y se volvió a recostar viendo. Seguían pasando las personas, las embarcaciones, japoneses musulmanes, extraterrestres, yo lo veía a él queriéndome comportar pero él sólo sonreía y hacia gestos como queriéndome decir “has de cuenta que no estoy, sigue divirtiéndote”.
Otra vez las mujeres empezaron a bailar en los árboles, una se convirtió en mi mamá otra en mi hermana, me saludaron y seguían las mujeres, también pasaron primos y primas, tíos y tías. Más y más regalos, más mujeres. Otras dos se pararon al frente mío, me dieron manillas, quería ver que estaba pasando atrás, pero no querían dejarme ver, me abrazaban, me tapaban los ojos, luego se movieron un poco y el Shamán antiguo me acerco una lanza muy hermosa, grande y pesada, me la puso en el hombro izquierdo, y Dios gritó: “Este es mi hijo muy querido” yo baje la cabeza hasta donde me lo permitía la corona y todos empezaron a aplaudir, con aplausos seguía pasando la gente yo los saludaba con mucho orgullo, ellos me querían ver.
A lo último se acerco otra canoa, no venia de izquierda a derecha como las demás sino de frente, eran las 4 sombras que había visto al comienzo uno de ellos me dice “casi que no, nos hiciste esperar mucho, jajajaja” carcajada, los dos buenos se sentaron a lado y lado mío, los otros no lo eran tanto, o por lo menos no les caía bien al Abuelo de verdad, pues los expulso con su abanico. Me abraza uno y me dice “eres bueno viejo, lo mereces”, veo a algunos amigos, otros pasan lejos también aplaudiéndome, yo le doy las gracias a todos los que estuvieron.
Se está acabando, se empiezan a despedir, dos canoas fueron las últimas, las familias del grandote y la familia del Shamán Antiguo, se despiden con nostalgia, Dios es el último, se despide también con la mano, las familias me señalan un lugar en el suelo, identifico que es la vela que había encendido el Abuelo al comienzo de la noche, lo empiezo a ver con su esposa, también a Kleber. Con los ojos llenos de lágrimas tanto por la felicidad como por la nostalgia, el río empieza a desaparecer, ya saliendo del trance le pregunto a Dios si me voy a acordar? Y si puedo contar la experiencia, se devuelve, abre el techo de la casa se asoma y me dice “si...claro”, ya empiezo a ver nuevamente el sitio donde estaba, les digo “vi a Dios…estaba por allá” “enserio necesito acordarme de esto”

Me levanto de la silla donde estaba para ver que tan mareado estaba, haber si podía caminar, casi me lleva la corriente del riachuelo, todavía lo sentía, pero al cabo de un rato me pude poner de pie, veía que las últimas familias todavía me decían adiós con la mano y con lagrimas en los ojos. Me volvieron a señalar al Abuelo y todo desapareció, a la 1 y 40 de la mañana se acaba esta asombrosa experiencia, me devuelvo como borracho con ayuda de Kleber a su casa, a descansar. Le doy las gracias al Abuelo y a su señora, me dijo que en todos los años que ha hecho el ritual nadie había visto a Dios. Sentí la corona hasta las 7 de la mañana, dormí con ella, busqué al otro día para ver si tenía algo en los bolsillos pero nada…jajajaja. La mejor experiencia de toda mi vida!

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